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| De Jomagú - Pintura |
Varias veces lo he hecho, dejar una pintura en casa de alguien por un tiempo, a primer vista dicen que no les gusta, que no la entienden o no la quieren. Aún así se la quedan.
Pero una tarde de pronto al verla de reojo, surge un detalle, un color interpuesto en otro o una intersección que aclara dudas acerca de la imagen. Y la composición se empieza a hacer comprensible.
Y así cada día la pintura va dialogando con quien la observa, le traslada estados de ánimo, le muestra formas nuevas cada vez. Cosas que antes no estaban.
Es cuando se empieza a entender lo que el autor de la misma quiso decir, o a comprender lo que la pieza le dice a cada quien.
He recibido llamadas en plena madrugada de amigos que llegaron a su casa y, ya sea por algún tipo de luz, o algún otro motivo entendieron el sentido de la obra, que curiosamente a veces es distinto de lo que quise decir, o van bien encaminados en su descifre.
Me ha tocado, casi todas las veces, que al ir a recoger una pintura prestada, la ven irse con tristeza y de pronto se le extraña en esa pared.
Porque una pintura tiene algo, puede ser solo químicos sintéticos esparcidos en un lienzo y no sirvan para nada más, tal vez sólo una mínima parte de ella te diga algo y lo demás es inentendible, pero ya es suficiente. Mi momento es cuando se resisten a dejarla ir.
Y me da gusto eso, porque cuando alguien comprende el sentido completo de la obra, ya es suya, y termino por regalársela.
