SECRETOS

Todos tenemos historias escondidas, algo que no le hemos contado a nadie, no tiene que ser algo horrible o humillante, ni siquiera deber ser algo vergonzoso, o tal vez si. Lo que voy a contar no sé si en realidad pasó, o si alguien ya lo contó alguna vez, son de esas historias que entre la bruma del alcohol y la plática, entre seria y broma, se pierden. Que en la retrospectiva y la recuenta se encuentran matices y detalles que pudieron no estar.


Por razones obvias llamaré a mi amigo Raúl, aunque en realidad de llama Jaime, pero para el caso es lo mismo, ni ustedes lo conocen, y yo, por las mismas razones no lo señalaré en persona, de hecho negaré haber escrito este texto aunque este firmado con mi nombre.


Era una noche, un martes de Carnaval, mi novia se había enojado conmigo, ya saben, ella quería ir al cine y a cenar, yo, a tomar y a bailar a la fiesta del pueblo, total no nos pusimos de acuerdo, la llevé a su casa con la intención de regresar solo al jolgorio, dió el clásico portazo y se fue sin más.


Cerca donde ella vive; iba escribir vivía, pero no, aún vive, felizmente ya no está conmigo pero ahi sigue, decía que por ese rumbo vive Jaime, digo..., Raúl, y decidí sacarlo de su madriguera e ir dar una vuelta.


Casi no le gusta salir, es un bailador empedernido pero alegre, no obstante declina las invitaciones a tomar alcohol y desde que lo conozco jamás se ha rehusado a ayudar a alguien en problemas.


Después de arrojar un par de piedras a la parte mas alta de la casa que es donde duerme, bajó al patio. Si le contaba el plan, me mandaría a volar, de modo que le pedí ayuda para mover unos muebles en mi casa que se habia inundado y llevarlos a mi oficina, por lo que sugirió dejaramos mi llavero (asi le dice a mi carro) y nos fueramos en su combie. Perfecto, no había pensado en eso.


Cuando no queremos que los demás sepan algo de nosotros, las razones para tal ocultación son múltiples, infinitas podría decirse, y no podemos saber que tanto de lo que se cuenta entra en terrenos de la ficción y de la realidad.


Esa fue una buena noche, memorable, andaba por ahí medio mundo, amigos de la universidad, y amigas. Raúl un poco molesto por el engaño de rato entró en ambiente hasta se tomó un par de botes, mismos que se le subieron y todo estuvo bajo control.


Apareció de rato el Kevin, o ¿se llama Bryan?, no recuerdo bien, él es un americano aficionado a las motos, jugaba de portero en nuestro equipo aunque casi no habla español se da a entender, venía acompañado de una morena que le sacaba unos centímetros de estatura, se unieron al grupo.


Cuando los policias nos empezaron a echar de ahi, algunos amigos salieron con que no traían carro o lo dejaron estacionado muy lejos; mi amigo Raúl como buena onda que es, se ofreció llevar a todos, y como andaba ya a esa hora algo arreglado y ya acompañado, me toco ser el conductor designado.


Desde que Bryan llegó lo ví hablar con la morenaza, y anduvieron buen rato bailando, y a la hora de subirnos todos a la combi, disimulados los dos se fueron hasta la parte de atrás. Nadie dijo nada.


Yo iba pensando en como iba a contentar a mi entonces novia, obligado tendría que ir a ver la película "rosita" del momento, a fin de cuentas era miércoles de dos por uno, algo podría hacerse. Todo tiene solución.


Entrado en mis problemas... oi que ahi todos se traían la guaza, y Bryan algo preocupado decía algo y señalaba atrás y los demás reían.


No he sido una lumbrera en inglés pero también me medio preocupó el asunto, aunque creí entender mal.


Entregamos a casi todos que tambaleantes entraron a sus casas algunos a rogar les abrieran y Raúl no daba señales de vida, bueno solo se veía alla atrás brazos y piernas y el americano muy serio solo volteaba de vez en cuando y miraba su reloj.


Llegamos al edificio de departamentos donde vive Bryan y justo el grito, unido a las maldiciones de mi amigo se dejaron oir, los chillidos de la morenaza que se acomodaba sus prendas, quien bajó de la van, y entre Bryan y yo detuvimos a Raúl que quería asesinar al moreno con prendas de mujer que bailó con él parte de la noche.


Ya de regreso, y con cara de pocos amigos, reclamaba porqué no le advertí; sólo me quedo admitir mi culpa, pero lo del carnaval en el carnaval se queda y prometí guardar el secreto, y se fue molesto y sigiloso a intentar dormir, supongo que antes se bañó o se lavó los dientes con cloro, qué se yo.

 
Pero como los secretos tienen una vigencia de diez años; aquí esta un secreto ajeno revelado.


Me acomode en mi "llavero" y enfilé a mi casa cuando los gallos empezaban a cantar y ya amanecía.


Así que mira bien a los ojos a quien está sentado a tu lado porque tiene un secreto que jamás confesará... pero alguien que lo sabe tal vez si lo haga.