Por alguna razón que quiero ignorar, los domingos en la tarde ya casi noche son devastadores para mi ánimo, de modo que me acosté a leer y luego me quedé medio dormido.
Me despertó una difusa iluminación en la cortina, abrí y ahí estaba.
En ese momento recordé que en tu bolso guardas una cajetilla de cigarros que solo una vez te he visto fumar. Quiero pensar que son momentos como este los los apropiados para compartir con un cigarrillo.
Tuve deseos de salir a "mi cornisa" y fumar, pero sólo me quedé ahí disfrutando de esa quietud contemplativa, ante una media luna gigante que brillaba en mi ventana.
Hizo calor todo el día pero a esa hora ya soplaba una suave brisa, lo que hizo el momento más especial, mismo que quise de alguna manera compartir con alguien.
Me gusto la idea de dejar una luna grabada en tu memoria pero ¿cuántas lunas se habrán desvanecido sin dejar rastro, sin nadie que las regale? Cuántos momentos de felicidad se han mezclado en la arena del tiempo, o como dicen lo poetas, momentos que se han ido como lágrimas que se pierden entre la lluvia.
Quise escribirte otra vez para desearte buenas noches, o llamarte para verte, pero no, lo preferí así, en cualquier caso ese día y a pesar de todo la felicidad adaptó para mi la forma de luna, son momentos que no se pueden atrapar, ni se pueden pensar, ni crear, son advenimientos sólo se pueden guardar en nuestra memoria como tesoros.
Jo.