ENTROPÍA


Una tendencia natural e inevitable

Nuestra vida es un ínfimo paréntesis de algo llamado Eternidad.
-Anónimo

Hay eventos que son significativos y decisivos, la graduación de la universidad, cuando aprendes a hablar, a caminar, un divorcio, el nacimiento de un hijo, una boda, un funeral.

Hay sucesos o roles en la vida que pasan desapercibidos, son graduales, y no somos del todo concientes de su presencia hasta que nos vemos inmersos en ellos.

Cuando un día te despiertas con un dolor que la noche anterior no estaba, o descubres que cosas que hacías con facilidad no son ya sencillas de realizar, o de plano ya ni soñarlo.

Cuando tu vida se vuelve una rutina, y recuerdas con nostalgia las veces que a esa hora estabas por entrar a la cama en lugar de estar saliendo de ella. O cuando en el año había algo más de 130 días de vacaciones y hoy hay cuando mucho 14 días.

El cuerpo cambia de forma, la vista empieza a no ser tan nítida, lo reflejos pierden rapidez y la respiración se va haciendo pesada, fatigosa; entonces te preguntas: ¿Que me está pasando?

Una de esas veces llegas a la farmacia por unos antinflamatorios o un antiácido y te pega la imagen de la última vez que entraste a una farmacia a comprar preservativos o a preguntar por una prueba de embarazo.

Las salidas de esparcimiento se van espaciando a una vez por semana, luego una vez por mes, después solo en ocasiones especiales.

El no desayunar en las mañanas es faltal para tu estómago, mientras lees el periódico y te enteras que tu amigo de la universidad compró su casa, lees un email de otro de tus compañeros que se divorció, tu novia de la secundaria va a tener su segundo hijo y es cuando te das cuenta de que el tiempo transcurre.

Porque aunque no se note mucho los días que van quedando detras, las responsabilidades van creciendo y los lujos disminuyendo.

Podría parecer pesimista sin embargo, hoy que podemos pasar días enteros sin dormir, bebiendo y fumando; sin comer, y el cuerpo no reclama, por lo contrario, parece más vital que nunca, porque el cuerpo es una máquina que resiste mucho, más de lo que creemos, no obstante como máquina también se desgasta, necesita mantenimiento, reposo. Y lo más importante, hay pocas piezas de repuesto.

Puede ser que no valoramos el tiempo y la energia que gastamos en "diversiones inutiles", pero a medida que la vida avanza nos hacemos más concientes de lo que tenemos, de lo que perdimos, y hay solo unos pocos que son capaces de valorar lo que tienen y lo que esperan tener.

Puedo creer que algunas aves que tienen un cerebro mucho mas diminuto que el nuestro puedan preveer, y planear a futuro mejor que algunos humanos. Por eso no les ha llegado la extinción. Son los eventos significativos los que abren la puerta a la reflexión, porque la vida no es una carrera de velocidad, en una carrera de resistencia, un maratón.

Hasta la próxima.