ROMPIENDO PRINCIPIOS DE ORO










Como tratar a los demás



En lo básico, la sociedad está formada por individuos que tienen metas, tienen fines, propósitos. O se supone deberían tenerlos.

Cierto que vivimos en grupos, familias, parejas; pero la mayoría de nuestros pensamientos y conversaciones son individuales, es decir, acerca de nosotros mismos.

Ya hablando en serio, sabemos que es imposible encontrar un individuo completo, funcional, exitoso desde todos los puntos de vista posibles, un modelo perfecto a seguir, aunque hay aproximaciones, es bueno saber que la perfección, como tal, no existe. Y si alguien nos lo parece, basta acercarnos lo suficiente para empezar a ver las grietas.

Algo que nos han venido diciendo en nuestra casa, en la iglesia, “trata a otra persona como quieres que te traten a ti.”, y es lo que intentamos hacer con resultados a veces desastrosos dada la naturaleza humana.

Atentando en contra de ese principio llamado “de oro”: Hay una nueva regla de las llamadas “platino”, que dice, “trata a otra persona como esta persona quiere ser tratada”. Una tremenda diferencia, ¿no creen?

Es algo que va contra lo que la mayoría de las personas piensa. Hasta en la Biblia se habla de la regla de oro y hoy en día la regla platina es la que más aplica al comportamiento humano.

Aunque suene simple, este tema es muy complejo y es difícil de implementar y de aplicar dado que implica un conocimiento de otra persona para tratarla como quiere ser tratada.

Y es un proceso que está lejos de muchos de nosotros, ponernos en lo zapatos de otros, ver las cosas desde su perspectiva, entender cosas que no están en nuestro conocimiento. Tenemos la tendencia a juzgar en lugar de entender.

Al querer tratar a una persona como quiere ser tratada se puede caer en la trampa de querer pensar como los demás, cuando en realidad hay que comunicarse; tan fácil como preguntar con sinceridad: ¿Hay algo que pueda hacer por ti?

No solo preguntarlo sino hacerlo, inclusive hay ocasiones en las que no necesitamos preguntar, sabemos lo que los demás necesitan, y es atención, y lo pasamos por alto, porque también necesitamos de lo mismo.

Vivir en sociedad, es tal vez lo más difícil que tenemos que soportar como personas. Porque implica integrarse a un mundo amorfo donde hay cosas que a unos les parecen buenas y a otros malas, y elegir un comportamiento “adecuado” o conforme a la mayoría, muchas veces nos lleva a callejones sin salida o a sentir tristeza o vacío existencial. O que estamos en un lugar que no nos corresponde.

Lo primordial es empezar a conocerse a uno mismo, tener nuestro sitio en el mundo para después conocer a los demás. Saberlos, inclusive intuir los fines y los propósitos ajenos nos da una gran ventaja para lograr nuestros propios objetivos, nos pone en sintonía y aparecemos en escena.

Tener tolerancia y ser pacientes con las debilidades de otros y pensar en vez de juzgar. Trabajar sobre las fortalezas y apoyar las debilidades, es más fácil trabajar con lo que ya se tiene que quejarse por lo que no se puede conseguir.

Pienso, es momento de cuestionarnos y cuestionar si lo que nos enseñaron es aún válido y puede ser aplicable a los días que nos ha tocado vivir.

Valdría la pena intentarlo.