En qué mundo te despiertas a las 9:49 de la mañana y estás en el salón de clase a las 10:10, ya desayunado, bañado y fresco aunque agitado luego de subir 109 escalones.
En un mundo en el que no es una buena práctica irte de 'noche artesanal' y pretender estar rozagante por la mañana aunque hay organismos que así lo piden.
Pretender romper las leyes del tiempo y de la dilatación de los cuerpos puede parecer imposible, aunque los científicos actuales parecen estar cerca de echar por tierra uno de los mejores trabajos de Einstein y verificar que sí existen unas partículas que se mueven más rápido que la velocidad de la luz, algo que se creía insuperable.
Así como también hay un paisano de Bob Marley que recorre los 100 metros en 9.59 segundos, que ha venido superando sus propias marcas y parece que seguirá haciéndolo.
Este es un mundo como el del salvaje oeste en el que siempre hay alguien más rápido.
Pero un mundo en el que en 20 minutos pasas de tu cálida cama a un frío mesabanco dispuesto a escuchar tu clase, es un mundo en el que el salón de clases está vacío, en el que no hubo clase o la clase fue en otro lado, un mundo en el que hubo un hueco de tiempo que usé para escribir.
Ni modo, así es esto, iré por agua.