NAVIDAD...


En pleno verano, estamos, Lorena y yo, como en vísperas de navidad, con el regalo en el vientre, y a la espera que amanezca, abrirlo y ver como es, atentos a cada cambio, cada movimiento que pudiera dar señales que el misterio se revelará.



Agitamos la envoltura como tratando de adivinar que contiene, aunque de sobra sabemos lo que es; ya la casa se llenó de otros regalos, blusas color de rosa, zapatitos, todo rosa en su mayoría, cosas chicas y grandes, simples y complicadas muchas de las que no sabemos su uso.



La temporada de calor sigue su curso y en lugar de salir a playas, a pasear, conocer, a visitar gente, estamos como hibernando en casa, huyendo de los vecinos, familiares y conocidos que a cada momento preguntan ¿¡Ya!?



Con un suspiro de resignación, nos volteamos a ver y sonreímos y ya no sabemos que contestar a tantas veces la misma pregunta.



Esta niña, - la del paquete que aún no abre - debe ser como una celebridad, me hace pensar que es una estrella de cine, alguien magnífico que causa tanta expectación en tanta gente, que a veces da miedo tanto revuelo que causa un ser que nunca conocimos.



Espera se extiende hasta la madrugada, sentados en la sala, en el comedor o en la barra comiendo, escribiendo, trabajando, dibujando, pintando o haciendo joyería, abriendo otros regalos, haciendo arreglos en la casa, volteamos a ver la envoltura que se agita y nos roba la atención, luego deja de moverse y volvemos a lo nuestro, y estamos de acuerdo, debemos esperar que solo se abra, las ansias no ganarán.



Llega un nuevo día, de nuevo las llamadas, la hora del desayuno, la comida y la cena, e Italia parece que no quiere llegar, se siente como muy a gusto en su capullo; su latir, en el consultorio del doctor, se oye firme, suave, uniforme, como una maquinita fina que se quedará ahí por siempre. Todo parece estar bien ahí dentro aunque crece a ritmo acelerado.



Dice el Doc, preparen muchas mamilas porque esta niña comerá mucho, y reímos, jugamos pensando cómo será, que hará ahí adentro, si escuchará la TV, las pláticas, las noticias, las canciones de Mozart, los sonidos de las películas, no sabemos, todo parece indicar que sí, que reacciona a lo que pasa afuera.



Y así con el calor creciendo, seguimos la espera, cada mañana, tarde, noche, madrugada, seguimos con nuestros asuntos, pero pendientes de que en algún momento esa niña se dignará salir a festejar con nosotros el milagro de la vida.