Llega el verano...
Hay una etapa en la vida en que hay interludios, tiempos en que los caminos se cruzan, cuando debes decidir si sigues, te regresas, o tomas una nueva senda.
Anoche mientras hacía mi trabajo, casi a la llegada de un nuevo día, por la semiabierta ventana que da a la calle de la oficina, me llegó un olor a humedad, a playa, algo entre fresco y cálido, y pensé: llegó el verano; lo que me trajo recuerdos de los muchos veranos que iniciaban sin nadie con quien compartirlo, con todos esos días para disfrutar de paseos solitarios, fiestas de nuevas miradas, nuevas salidas, a veces las mismas gentes, a veces otras, todo eso me llegó de golpe en un segundo.
Esta vez será diferente y me da gusto porque antes terminaba agotado, a veces sólo, otras acompañado por unos meses, y me aprestaba a entrar en la depresión del otoño y el tedioso invierno, a veces pintando o durmiendo días enteros, escondido allá en mi taller, antigua vivienda, a veces en pláticas con amigos hasta el amanecer o muchas veces en reuniones con escritores, exposiciones de pintores o simplemente con otra gente con la que nunca conviví. Los días fríos.
Pienso que está vez el verano será a la espera; hay veces en nuestra vida cambiamos de etapa, ésta es una; incluso el verano pasado fue normal: paseos por los viñedos, salidas a Tijuana al café, al museo, incluso al cine, unos días en las playas del Sur de la península, lo diferente que Lorena me acompañó a todo y la pasamos bien, hasta nos casamos a principios de otoño en la playa.
Esta vez tengo la clara sensación que todo va a ser diferente, aunque diga muchas cosas acerca de la pequeñita que esperamos en casa, sé que por muchas cosas será un verano inolvidable que quedará grabado de alguna manera en mi, en nosotros, en quienes nos conocen.
Hay que reconocer y aceptar cuando llegan los cambios y aceptarlos, no relegar, no resistirse, dejarse llevar por la corriente y disfrutar lo más que se pueda, despedirse de lo que va quedando atrás.
Nunca hay que perder la capacidad de asombrarse, hay que esperar más y más de la vida, apreciar y agradecer lo vivido. Porque todo lo que alguna vez ha llegado se queda con nosotros.
Sé que en unos años cuando llegue del mar o del ambiente ese olor a verano, ya no será la sensación de fiesta, de bronceado, de vino, de literatura, música y de pintura lo que me venga a la mente, será del verano que Italia llego a nosotros, antes de que nosotros fueramos allá por ella.