Mis amigos dicen: no está bien esto, aquello está mal, que lo otro no es lo correcto; que la vida es injusta.
Reunidos cierta vez platiqué a unos conocidos que en el mercado que está cerca del cause del arroyo, después de andar caminando un poco por los pasillos, ver los libros, observar la gente con sus compras, hablando, comparando precios y eso que se hace en las tiendas de autoservicio; descubrí un carrito lleno de mandado, lo empujé disimulado a la caja y pagué todo lo que había en el carrito.
Alguien me diría, eso no está bien, no son cosas que la gente decente hace, alguien pudo pasar horas escogiendo cada cosa pensando en su propia necesidad.
Algunos no se creen que alguien pueda hacer eso, que puede ser algo inofensivo, o que hay cosas peores en esta vida.
Yo sólo me río, me jacto y digo que las cosas buenas y las malas son uno o la otra tanto como se quiera, que la justicia y la injusticia son algo tan complicado que para entenderlo hace falta mucha capacidad, y para explicarlo a los demás hay que ser muy elocuente.
Me alegan que soy muy relajado, cínico, que no me importa lo que otros piensen, que no pienso en lo que otros sienten, que me aprovecho de su esfuerzo y de la situación y puede, a fin de cuentas, sea así.
Sentados ahí en los sillones de mi ex casa, se hace el silencio reflexivo.
Cambiamos el tema, y seguimos hablando de otras cosas, lo que no les dije, es que después ese carrito lo empujé hasta un costado del mercado y le di todo lo que contenia a las personas que viven en ese cause del arroyo, bajo el puente, seres que no tuvieron la misma oportunidad que tuve yo de ser como soy, o tal vez si, podría ser que ellos sean más felices que yo... no, no lo creo, la vara siempre está mas gruesa donde la sujeta el más fuerte. Y bajo los puentes hace frío y yo duermo en invierno con calefacción en mi cuarto.
Reunidos cierta vez platiqué a unos conocidos que en el mercado que está cerca del cause del arroyo, después de andar caminando un poco por los pasillos, ver los libros, observar la gente con sus compras, hablando, comparando precios y eso que se hace en las tiendas de autoservicio; descubrí un carrito lleno de mandado, lo empujé disimulado a la caja y pagué todo lo que había en el carrito.
Alguien me diría, eso no está bien, no son cosas que la gente decente hace, alguien pudo pasar horas escogiendo cada cosa pensando en su propia necesidad.
Algunos no se creen que alguien pueda hacer eso, que puede ser algo inofensivo, o que hay cosas peores en esta vida.
Yo sólo me río, me jacto y digo que las cosas buenas y las malas son uno o la otra tanto como se quiera, que la justicia y la injusticia son algo tan complicado que para entenderlo hace falta mucha capacidad, y para explicarlo a los demás hay que ser muy elocuente.
Me alegan que soy muy relajado, cínico, que no me importa lo que otros piensen, que no pienso en lo que otros sienten, que me aprovecho de su esfuerzo y de la situación y puede, a fin de cuentas, sea así.
Sentados ahí en los sillones de mi ex casa, se hace el silencio reflexivo.
Cambiamos el tema, y seguimos hablando de otras cosas, lo que no les dije, es que después ese carrito lo empujé hasta un costado del mercado y le di todo lo que contenia a las personas que viven en ese cause del arroyo, bajo el puente, seres que no tuvieron la misma oportunidad que tuve yo de ser como soy, o tal vez si, podría ser que ellos sean más felices que yo... no, no lo creo, la vara siempre está mas gruesa donde la sujeta el más fuerte. Y bajo los puentes hace frío y yo duermo en invierno con calefacción en mi cuarto.