Buscar que mi prisión se haga más grande
Ya sé, ya sé, el texto de la semana pasada estuvo medio desgarrador, hubo quien lo calificó de dramático, "bordeando lo suicida", pero bueno alguna vez los serios y callados podemos jugar bromitas, y hasta de mal gusto. O sufrir recaídas depresivas.
Y hablando de excesos e ingenuidades del "hago lo que quiero" y del "no me importa lo que digan", pienso que si, pongo más énfasis en hacer aquello en lo que mi cadena está más gruesa, ¿cual libertad?, trato de hacer lo que se me da más fácil, soy libre dentro de mi prisión, estoy encadenado pero a mis grilletes los llamo libertad, así o más triste.
Puedo creer y creo que todo son sólo aproximaciones, nada es real pero tampoco nada es irreal. Así como "pi" es un número infinito, todo depende de como lo veamos, por ejemplo, para mí es 3.1415927, hay quienes lo conocen con doce o veinte decimales, mil; para otros es 3.14, o 3.1416, y los hay también quienes ni idea de qué es "pi".
Podría asegurar que quienes no conocen este número ni lo han oido nombrar son quienes viven en la pura realidad o en la más pura fantasía o irrealidad, podría también en este momento bautizar a este número trascendental, como el coeficiente de percepción de realidad e irrealidad de cada quien.
De un modo u otro, entre la realidad y la irrealidad, es donde vivimos algunos "privilegiados". Me gusta a veces hablar de privilegios, del porqué a algunas personas se les trata de diferente manera y es por eso, por los privilegios, el nivel de ingenuidad, percepción y originalidad de cada cual.
De lo irracional de "pi" se deduce que entre lo palpable y frio y lo imaginario más frío aún, puede encontrarse una línea divisoria entre lo subterráneo y lo iluminado; y construir ahi un espacio cálido, delimitado por nuestra propia percepción.
Y aduciendo que mi mundo no es falso, puede no ser por completo real, ni marginal, ni siquiera radical. Mi espacio vital es de lo más común. Porque de la realidad es donde surgen los monstruos, mis monstruos, que proceden de la autoridad impuesta, de las reglas escritas y estrictas, ya sean sociales, religiosas, politicas y hasta filosóficas.
Cómo negarnos a lo que vemos todos los dias, a lo que nos molesta, lo que nos duele, y la respuesta podría estar en "pi".