Temor al aprendizaje

El genio va por el mundo en su juventud disculpándose incesantemente por tener pies grandes. Qué maravilla que más adelante en la vida debe estar inclinado y atento a levantar esos pies con rapidez y no pisar a tontos y entrometidos.


-Anónimo


Jomagu - Miedo

Al año y medio de edad Rogelio sabía hablar, y usaba un vocabulario amplio y su voz era clara, a los 3 años aprendió a leer y a los cinco recitaba de memoria muchos pasajes de la Biblia.

Cuando entró a la primaria tuvo que esperar un año más hasta cumplir los 6 para poder tener un lugar en el sistema básico de escuelas de gobierno.

Inquieto como era, de inmediato se hizo notoria su capacidad de aprender, se aburría en clase y molestaba a otros niños, por lo que fue canalizado a clases especiales.

“Mi hijo no está loco”, decía la madre de Rogelio, y se negó a transferirlo a ese grupo, por lo que siguió en el curso “normal”, a costa de castigos de sus padres y maestros. Fue aprobado hasta que en cuarto grado, en que sin más abandonó la escuela y se puso a trabajar.

El punto es, que en México no existe una rama de la educación o un departamento especializado para niños con alta capacidad de aprendizaje, o mejor dicho, niños superdotados.

A este tipo de niños se les obliga a aprender al mismo ritmo de los demás, a frenar su ímpetu, pierden la paciencia los “maestros” que de huelga en huelga y con grupos numerosos, diagnostican, a la ligera, desorden de atención, cuando en realidad es que esos alumnos entienden de más.

Terminan por abandonar la escuela tarde o temprano, crecen con la sensación - que jamás desaparece- de haber podido hacer más. Con frustración. Algunos brillan en los trabajos a que se dedican, desperdician un talento y una gran capacidad en trabajos muy por debajo de sus aspiraciones naturales.

Los padres son quienes tienden a detectar primero que algo pasa con su hijo, confían que en la escuela arreglarán esa inquietud, incluso muchos padres temen a sus hijos, que ya crecidos se descontrolan, recurren a castigos y hasta golpes, pero a cierta edad las amenazas dejan de ser eficaces.

De estos niños, quienes llegan a los niveles superiores de educación, son mediocres estudiantes, hacen lo suficiente para pasar y sin esfuerzo, se desarrollaron con miedo a aprender, asocian el aprendizaje con problemas y segregación, muchos terminan en la cárcel, con problemas de adicciones, algunos incluso dirigiendo y organizando bandas de que roban autos y casas. Otros organizan causas más grandes y no menos nobles.

No tengo nada contra los niños de capacidades diferentes, pero el gobierno y muchas organizaciones civiles, se gastan millones en hacer que niños con síndrome de down u otras discapacidades, puedan escribir un poco y los que tienen gran capacidad son encarcelados y relegados.

Es el sistema y la sociedad quienes los convierte en criminales, porque no queda otra salida y esa capacidad de aprender es canalizada, sin guía, de manera equivocada.

Aprenden a odiar una estructura que pretende tratar a todos los alumnos igual, que tiene organizado su programa por edades y no por capacidades, se oye de vez en cuando a un niño dar cátedras especializadas en universidades, pero eso es en países de primer mundo y es que uno de cada mil nace con esa capacidad.

Por desgracia nuestros niños superdotados crecen olvidados en un taller arreglando motores, o en tutelares, cuando pudieron llegar a congresos mundiales en cualquier especialidad, incluso ser grandes científicos dirigentes o presidentes.

Lo último que supe de Rogelio es que escapó de una cárcel, donde estuvo encerrado por asalto a una licorería con arma de fuego y hoy día sigue escondido en algún lugar sin comprender qué fue lo que estuvo mal.

Hasta la próxima.

jomagu@gmail.com
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Ilustración: Jomagú - "SP"