SIN ADIÓS


Aquella tarde al decirle que me marchaba

me miró con cara triste y vagamente sonriendo.

 

Sin preguntarme contesté: Porque mis sueños me aprisionan

y quiere gritar mi pecho, y en estas calles tan calladas

me siento como si estuviera muerto.

 

Voy a donde el cielo eterno y solo sea mi techo,

y del fondo de la sombra me llegue un tranparente eco.

 

Se quedó callada y triste, tiembla y brilla como un lucero en el cielo.

 

Escucho su voz como un eco: Voy contigo, como agua que suspira,

pero ya ni me despido, me espera un largo sendero.

 

Y en el traslúcido cielo de una tarde,

tiembla y brilla una lágrima lucero.

 
 

 

 

(Ójala algún día me perdones)