CAVILACIONES

A la horca
Pocos negarán que les ha pasado lo siguiente. Son dos situaciones similares. Una es cuando alguien hace una pregunta dificil a una audiencia y tu tienes la respuesta, algo dentro de ti dice levantes la mano y contestes pero al mismo tiempo algo tambien dentro de ti dice que harás en ridículo y te quedas callado cavilando, tratando de tener mas argumentos y juntar el valor de levantar la mano y la voz al contestar.

Otra persona del mismo público levanta la mano y da la respuesta exactamente como pensaste decirla una fracción de segundo después de hecha, y una fracción de segundo después te llega la certeza que estabas en lo correcto, y junto a los aplausos y ovaciones ajenos, te reprochas por no haber contestado. Piensas con amargura que esas felicitaciones eran tuyas.

La otra situación es cuando alguien en específico te pregunta algo, o te hace algún comentario y te quedas sin palaras, mudo. Hay preguntas y comentarios trampa  que requieren respuestas ingeniosas, cuando implican un criterio del que no estas seguro, cuando la respuesta tiene un matiz. Contestas otra cosa, o solo te quedas mirando y sonríes, te encoges de hombros e ignoras o das media vuelta y te vas. Rato después, levantando algo del suelo, comiendo o dormido llega la respuesta, es como el sonido de un gong, esta claro lo que debiste haber dicho o como debiste haber reaccionado a ese comentario. Solo que ya es algo tarde.

No estoy seguro de qué sea mejor, saber y no decir o no estar seguro de decirlo o simplemente no saber, lo que si es seguro es que entre más sabe una persona más evidente se le hace que sabe poco. Y de que si sabes mucho y haces poco es como si no supieras nada.

Que queda de esto, nada, más que escribir sobre ello. Siempre hay escapatoria, solo que la vemos cuando estamos pendiendo con la lengua de afuera y la soga al cuello.

 ¡Maldición del infierno!