La gran pregunta
Desde siempre he escrito desde la trinchera, desde un lugar apartado de la luz de la ventana, en una oficina oscura o de espaldas a la entrada. Sin que se sepa. Desde debajo de una coraza.
Hay personas que tienen la virtud de hacerme saber de manera sutil que el mundo aún no se va a la mierda, que aun puedo encontrar quien trabaja por el bien general sin esperar nada a cambio. Que pueden sacarte de un problema sin mirarte siquiera quien eres. Y eso es vigorizante y motivador.
Me preguntaban ayer si en mí qué hay más, odio o amor, la respuesta para mi es evidente, tengo mucho más odio. Siempre digo que tengo eso bajo control, dominado, pero viéndolo fríamente desde el punto de vista real, es mentira, tengo más ganas de partirle la cara a alguien que me pregunta algo, de mandarlo a volar que de ayudarlo.
Más este día es cuando abro los ojos y las puertas y veo que no estoy contra la espada y la pared, que jamás lo he estado, que no hay terreno lo suficientemente dificil para hacerme avanzar lento y que en verdad hay pocas cosas que no pueda lograr.
Puedo ver que no voy mal encaminado en mi sueño. Hoy sé que una caja de pinturas y un lienzo no son un cuadro. Que un puño amontonado de palabras pueden cambiar cosas. Sé que aunque mi mundo es amplio, confortable y sin aristas, el real, donde respiro es también amplio y hay mucho que ver y que aprender de él.
Hay que pasear.
Hay personas que tienen la virtud de hacerme saber de manera sutil que el mundo aún no se va a la mierda, que aun puedo encontrar quien trabaja por el bien general sin esperar nada a cambio. Que pueden sacarte de un problema sin mirarte siquiera quien eres. Y eso es vigorizante y motivador.
Me preguntaban ayer si en mí qué hay más, odio o amor, la respuesta para mi es evidente, tengo mucho más odio. Siempre digo que tengo eso bajo control, dominado, pero viéndolo fríamente desde el punto de vista real, es mentira, tengo más ganas de partirle la cara a alguien que me pregunta algo, de mandarlo a volar que de ayudarlo.
Más este día es cuando abro los ojos y las puertas y veo que no estoy contra la espada y la pared, que jamás lo he estado, que no hay terreno lo suficientemente dificil para hacerme avanzar lento y que en verdad hay pocas cosas que no pueda lograr.
Puedo ver que no voy mal encaminado en mi sueño. Hoy sé que una caja de pinturas y un lienzo no son un cuadro. Que un puño amontonado de palabras pueden cambiar cosas. Sé que aunque mi mundo es amplio, confortable y sin aristas, el real, donde respiro es también amplio y hay mucho que ver y que aprender de él.
Hay que pasear.