Llega el momento Me obsevo atentamente en un espejo, sopeso mis posibilidades y sonrío pues sé que es algo real y al alcance de la mano, algo fácil aún y con todas mis limitaciones.
Sin embargo no se si sobreviviría esos 20 o más años, con detenimiento dedico unas horas al año a barajar esa posibilidad, ese pensamiento, e invariablemente divago y diserto de mi. Y llego a la misma conclusión.
Pienso en cómo vine al mundo, las respuestas y enseñanzas que obtuve de mis padres, fueron suficientes para no haber cometido hasta hoy errores irremediables. Y me permiten vivir, la época de sobrevivencia quedó atrás. Pero no tengo todas mis respuestas y no hay quién responda, ahora sé para algunas preguntas no hay respuesta. Y no importa.
Me ha tocado ver muchas veces el miedo y la incertidumbre por el futuro de personas cercanas. Y al hacer La Pregunta, sin vacilar hablan de lo eminentemente felices que son, que es lo máximo de la creación tener un hijo en tus brazos y verlo crecer, y la verdad no lo dudo. Pero no responden.
Me conozco y pienso soy demasiado egocéntrico y egoísta, demasiado consciente de mi y del mundo como para ser padre, para traer al mundo a alguien quien observará cada uno de mis movimientos, examinará cada una de mis respuestas y actitudes, que hara cientos de preguntas, y no sé si tendré respuesta a todas y no sé si quiero dar toda esa enseñanza, recorrer todo ese camino otra vez desde otra perspectiva.
A veces me siento estúpido al darme cuenta de que solo son especulaciones, podría dar miles de pretextos y excusas para no involucrarme en la creación de una nueva persona, pero no, no estoy enfermo de disculpas. Lo que sí es seguro es de que no quiero. No para mi. |