BACHE

Llegan los vientos de cambio

Desde hace tiempo vengo arrastrando una racha de mala onda, más o menos desde finales de 2004, tuve en ese tiempo un bache emocional de buena profundidad, que digo bache, ese fue un cráter.

Por fortuna las rachas terminan, y al mirar atrás veo apesar de todo, un panorama amplio lo que me hace pensar que voy subiendo en lugar de descender.

Quienes me conocen, saben que aunque traté de evitar hacerme el herido, acutué desentendido, ocupado, interesado y metido en mis asuntos, creo no lo logré del todo, en fin.

Ya es agosto otra vez, el mes de los cambios, y aunque no me había querido dar cuenta las cosas no pueden ser igual, los días anteriores ya no se repiten, pero hay cosas por experimentar, caras por conocer, nueva gente con quien hablar, otros proyectos en los cuales incursionar.

Ignoro el sentido y en que medida las cosas ya han cambiado, ya no pregunto por las mañanas quién soy al espejo del baño (lo tiré a la basura la semana pasada) no soy tampoco consciente de qué magnitud ha sido el movimiento, pero por fuerza algo se me ha movido de lugar y no puedo ser la misma persona de antes.

Briznas de viento se llevan los últimos restos de la tormenta, o del tormento.
Había vivido una vida algo desordenada e inconstante y en cierta manera la sigo viviendo, por un lado descubrí que soy incapaz de dedicarme a una sola actividad por mucho tiempo o hacer tareas repetitivas, y por otra descubrí que nada es tan dificil como parece. Y que las cosas no son como uno las piensa.

Siento es momento de hacer algo nuevo, de cerrar algunas puertas y abrir otras, ahora que estoy a ras de suelo puedo ver el horizonte amplio y un cielo sin nubes. Veo claro.

Ahora las cosas son como son.

Bienvenidos los cambios.