Por siempre jamás
“Yo sé que a veces te daba miedo, y desde aquella noche que te levantaste de mi cama, te marchaste para nunca más volver.”
Cuatro años, dos meses y dieciocho días y unas horas duró aquella unión, pero ¿Quién cree en los finales felices?
Se amaron por siempre. El novio puede besar a la novia y el resultado al parecer ineludible y definitivo: Felicidad. Pero, un siempre, es demasiado tiempo, transformado, pueden ser años, tal vez meses, incluso días, alguien podría hablar de horas, minutos o tal vez un solo segundo.
Quién sabe si el héroe de ese cuento no se murió en un accidente de auto, o de avión, en unos de sus viajes de negocios ó fue víctima de un asalto en sus paseos nocturnos. O quedó paralizado en un accidente cardiovascular de esos tan comunes.
Tal vez a ella la consumió una enfermedad mortal o incurable, o fue atropellada al cruzar una calle rumbo a su escuela ó trabajo cuatro meses después de ese beso y la sentencia de: “fueron felices por siempre”… nadie sabe, y el que puede saber, no lo dirá por lo menos no en un lenguaje que fácilmente se pueda entender.
O, ¿alguien más podrá decirlo?. Amanecerá de nuevo y no se sabrá.
